
No creía en Dios. No hablaba hebreo. Dos de sus tres hijos se quitaron la vida. Consideraba a los judíos palestinos nativos una clase inferior a los judíos europeos. Estaba considerando entre Argentina y Palestina como el lugar para el establecimiento de su «Estado judío», pero optó por Palestina para engañar a más gente al vincular el nuevo estado de Israel con el antiguo pueblo israelita. He aquí el padre del sionismo: Theodor Herzl. Hay más de 50 calles que llevan su nombre en el estado moderno de Israel, más que cualquier otra figura nacional. Desde el principio hasta final, esto ha sido una gran farsa: este no es el Israel bíblico, esta no es la nación de los profetas y patriarcas de antaño, este no es el pueblo escogido de Dios ni la restauración de la Casa de David: ¡esa no es su estrella ni estandarte! Son falsos judíos, con una tierra robada, que fingen ser los «elegidos» de un Dios en el que no creen y al que mucho menos sirven.











