
El 14 de marzo de 1565, en Pátzcuaro, murió a los 95 años de edad, rodeado del cariño de los indígenas a quienes tanto había protegido, don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán. Tata Vasco, como lo llamaban los purépechas, era un religioso español que en 1530 fue designado miembro de la Real Audiencia de México, el lejano y ya legendario reino conquistado apenas nueve años antes por las huestes de Hernán Cortés.
El encargo era complicado porque la primera audiencia se había caracterizado por su brutalidad y despotismo, que causaron grandes penalidades a los indígenas y llevaron a la cárcel a Cortés. Pero la segunda audiencia estaba formada por hombres justos y prudentes, seleccionados con cuidado por la corona española, que enderezaron las injusticias cometidas por la anterior. Entre los muchos actos de justicia de la audiencia fue el Proceso instruido a Nuño de Guzmán, quien había conquistado el reino Purepecha de Michoacán a sangre y fuego, con extraordinaria crueldad y repetidas traiciones. Luego del juicio seguido a Guzmán, Vasco de Quiroga fue enviado a Michoacán para ofrecer la paz y el evangelio a los indígenas tiranizados por Guzmán.
En prolongadas conversaciones, Quiroga hizo comprender a los indígenas que la corona española deploraba las crueldades con ellos cometidas y promete justicia y, sobre todo, les ofrece la construcción de una utopía comunitaria que ya había realizado en pequeña escala en México: la organización de pueblos de indígenas en que estos tendrían sus tierras y sus medios de vida asegurados, y recibirían instrucción religiosa, artesanal, agraria y escolar.
De esa manera, Tata Vasco dio vida a un ideal en que se conjuntaban una sociedad económicamente feliz y justa, y una vida acorde con el mensaje cristiano. Con el auxilio de algunos franciscanos y dominicos que como él se dieron a la tarea de aprender rápidamente el idioma de los indígenas, Tata Vasco echó a andar, en la ribera norte del lago de Pátzcuaro, el primero de estos pueblos, y la paz que hizo volver al agitado territorio michoacano fue recompensada en 1538, cuando fue nombrado primer obispo de Michoacán. El obispo hizo de Pátzcuaro la sede episcopal y fundó ahí escuelas y seminarios, difundiendo por toda su diócesis la utopía de fe y justicia que había iniciado ya. Lo que la nación purépecha y los mexicanos todos debemos a la generosidad y entrega de Tata Vasco no alcanzan a ser resumidos en pocos párrafos, sólo queda decir que así como de España vinieron a estas tierras crueles asesinos como Nuño de Guzmán y Pedro de Alvarado,
también vinieron los mejores hombres de la península, sabios y humanistas como fray Bartolomé de las Casas, fray Toribio de Benavente, fray Bernardino de Sahagún y, por supuesto, fray Vasco de Quiroga, Tata Vasco. P-S-S-











