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EN HONOR A LOS 67 AÑOS DE MIGUEL ANGEL AGUILAR, POR EL POETA VALLENSE JUAN JOSE VALDESPINO

El Templo de los Milagros Cotidianos.

A Miguel Ángel Aguilar.

Cincuenta y dos años sosteniendo la utopía con la mano izquierda,sin dogmas, con la bonhomía infinita de quien sabe mirar al otro.

Llevas en el andar el eco del pueblo gitano,una libertad de sangre que no entiende de fronteras

.Recorriste el continente a pulso,como en las páginas gastadas del diario del Che,marcando las rutas de casi toda Latinoamérica con polvo y con asombro,un trotamundos que mide el tiempo en leguas y en encuentros.

Tus manos,las mismas que editan versos ajenos y tallan la poesía del pueblo,abren las cartas y descifran el misterio.Cartomanciano del destino,mago que busca en la numerología argentina el orden secreto de los días y el azar.

Tu casa no es una casa, es un santuario vivo.Un laberinto donde los libros brotan en cualquier rincón como maleza sagrada,mientras los muros respiran a través de lienzos, colores y banderas latinoamericanas que abrazan la geografía de tus pasos.

Allí el aire es distinto.Hay dos pianos cansados y sabios que a veces suenan solos en la penumbra,recorridos por las manos invisibles y los espíritus de los músicos que alguna vez durmieron bajo tu techo y jamás se fueron del todo.

Es el refugio eterno de hippies, pintores, poetas y escritores abandonados a la noche.Un hogar místico donde ocurre el prodigio de la fe sin altares:el agua de la canilla se vuelve milagrosa al calmar la sed del alma,y una simple galleta compartida sobre la mesa vieja repite el milagro crístico de la eucaristía, multiplicando el pan del afecto.

Ahí se celebra la vida,entre el aroma de la comida mediterráneay copas de vino que despiertan la palabra compartida.Por eso, amigo, para ti siempre hay un mañana.El tiempo no puede vencer al hombre que cobija tantas almas,y en las noches más largas, tu vieja guitarra inseparable,gastada de caminos y de cantos,vuelve a sonar entre tus brazos con una ternura que estruja el pecho,recordándonos que mientras haya un acorde tuyo, la vida sigue valiendo la pena.

Bebedor de horizontes, hacedor de refugios,eres la poesía que no se escribe con rollo,un gran ser humano que hizo de la bohemia y la entrega su única revolución.— Juan José Valdespino Xakel

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